Luján. Hermosa ciudad.
Fui el sábado con mi familia. Salimos a las 0700 horas.
El viaje de ida fue corto, tan rápido como un par de párpados que se cierran (es que me había acostado tarde la noche anterior).
Llegamos y empezamos a dar vueltas hasta encontrar un callejuela donde estacionar, a solo unas cuadras de la iglesia. Yo ya había desayunado, pero acompañe a mi viejo manducándole algunas medialunas (que por cierto eran las 2ª mejores medialunas que probé en mi vida) en el bar con paredes dibujadas de la esquina de la callejuela. Mi hermana y mi vieja se fueron a sentar a la plaza de en frente. [1]
Cuando seguimos caminando empezamos a tomar rumbo por las galerías, con los carros de vendedores a los lados. Un reloj marcaba la hora en la terminal al final de la plaza. [2]
Paseando tuve hambre, y un anciano parecía preparar un empanadas muy ricas, empanadas “El mago”. No recordé nada en particular en ese momento respecto a ese nombre. [3]
Una de jamón y queso, una de carne. [4]
La catedral se veía majestuosa. Estaban reparando la plazoleta de entrada y según lo que vi (adoquines y fuente), iba a quedar muy bien, muy propio de una ciudad como Luján. [5]
La iglesia estaba siendo restaurada. Tuvimos la oportunidad de ver y asombrarnos del tamaño de la cruz que había caído en el 2000.
Había una carpa que se encontraba del lado suroeste. Ahí explicaban los pasos que se siguieron para llevar a cabo la restauración de la fachada, ya que la parte trasera y una de las torres todavía no estaban terminadas. Las gárgolas fueron una de las mejores cosas que vi. [6 – 7]
Terminamos entrando a la misa, que ya debía ir por su mitad. El lugar estaba repleto, y afuera todavía abundaban “delegaciones” de diferentes partes de Buenos Aires y el país. Tal es así, que fueron 5 padres dispuestos en formación 2-2-1 los que repartieron las ostias y creo que hubo gente que no pudo acercarce hasta ninguno de los lugares, no mientras nosotros estuvimos.
Salimos y dirimimos sobre que hacer a continuación. Un señor nos tomó una foto frente a la iglesia a los 5. [8]
Fuimos al museo del transporte, que cruzamos en una parte sombría de una de las galerías. [9]
Era una linea histórica en un comienzo. Caballos, carretas, carros, trenes. En la primera sala estaba la primera locomotora argentina señores: La Porteña. Todo un hallazgo. Jamás lo hubiese esperado :p [10 – 11]
En la siguiente sala, si bien además había muchas cosas con más kilómetros y más historia que uno, lo que más me impresionó fue el imponente hidroavión que estaba hubicado en el centro y con las alas casi recorría la totalidad de la extensión del lugar, de esquina a esquina: el Plus Ultra. [12 – 13]
El avión partió desde Palos de Moger, en España y muy cerquita de Marruecos el 22 de enero de 1926, haciendo un viaje con diversas escalas hasta llegar a Buenos Aires el 26 de febrero de ese mismo año. Entre su tripulación se encontraba el comandante Ramón Franco, hermano de Franscisco Franco, futuro dictador de España. [14 - 15]
Lo carros de la siguiente sala pertenecieron a personas tan ilustres como Roca, Lavalle, Paz, Pellegrini, Alberdi y muchos más. Hay solo fotos, no obstante, de lo más macabro de todo el viaje… [16 – 17 – 18]
En la penumbra esas cosas son tenebrosas.
En el patio vi por primera vez un molino al mismo tiempo que pensaba “quijotesco” y me proponía hacer una imitación de 4ª del famoso hidalgo (cosa que por cierto no se va a ver acá) [19]
Una herrería, maquinaria , herramientas agrarias de la época y estatuas extrañas provenientes de quien sabe que tiempo helénico completaban el patio, muy curioso en sus disposiciones. [20 – 21]
Pasamos por la planta alta antes de irnos, donde pudimos hacer un recorrido por la historia de la yerba mate. Wow.
¿Comer en el río o en un restaurant?. Por unaminidad de mi hermana, restaurant.
“El Naranjo” es un lugar para comer con bastante estilo. Las camareras nos acosaban con preguntas sobre que tan cómodos estábamos. Eran lindas. Una particularmente no sabía si los ladrillos de la pared rustici-zada estaban unidos con barro o cemento, y era nueva & tímida.
Primero llegó el pan, las tostadas y queso roquefort con mayonesa. Luego las bebídas.
Finalmente llegó mi plato de ñoquis de papa con salsa bolognesa, las tiras de asado de mi hermana y mi vieja, y la milanesa napolitana de mi viejo. Todo con un plus de papas fritas (notense mi plato con migas de hambre y la cara de sátrapa de mi viejo) [22 – 23 – 24 – 25]
Mientras mi viejo se iba a dormir la siesta al auto, el resto nos fuimos a LA CASA ENCANTADA. Si, tiene página de internet, y eso que ven ahí es un link =S
Una locura, mi vieja dio dos pasos adentro y ya se sintió mal y no avanzó más. Mi hermana y yo seguimos hasta el final.
El secreto de la casa es... [26]
Salimos y fuimos por una de las calles laterales de la iglesia. Acercándonos todo se fue tornando demasiado poco común para citadinos como nosotros: de pronto Luján se había convertido en un mercado persa. Un organillero hacía girar la manivela llenando todas las esquinas de la música más acorde por haber a un cuadro tan pintoresco.
Siguiendo hasta el final de la calle, nos topamos con la parte más bonita de Luján para mi. El paseo del río es único. Gitanos, artistas, turistas, negocios y carteles circences. Por detras un ferry surcaba el agua calma de la tarde. [27 – 28 – 29 – 30]
Queriamos ir, desde un principio, al parque de diversiones. Fue la aerosilla lo que siempre que volviamos a esta ciudad nos enloquecía más. Creo que fue la primera vez que subí =D [31 - 32 -33 - 34 - 35 – 36]
Al bajar del otro lado del río decidimos con Antonela ir a ver que atracciones había de ese lado. Quisimos (quize, bah) subir con desesperación a ¡la pista veloz!, pero cuando vimos que no era tan veloz lo pensamos mejor =(
Al final compramos entradas para un barco-show en el que tuvimos que caminar por pasillos oscuros donde el piso se movía de formas muy extrañas, pero muy raras. Estabamos asustados de que algo saliese de la oscuridad para darnos un sobresalto poco agradable, así que fuimos avanzando tomando fotos con flash para ver que había en el suelo y las paredes =p
Volvimos a la ½ hora, para cuando mi vieja estaba a punto de llamar al comando radioeléctrico de Luján. Se puede ver en la foto a mi padre, muy contento y petuleando su tarro con bombones helados que quizo comprar desde la primera vez que viajó a Luján. [37]
Finalmente fuimos al museo histórico de la ciudad. Enorme fantástico. El jardín central de ese cabildo era muy pintoresco, y estaba perfumado por azares y jazmín. Me pregunté como se habrá visto en los tiempos de su construcción (Luján tiene 251 años)
Entramos a la sala. Fue un viaje al pasado en mi imaginación y mi memoria. En mi imaginación porque todo el sitio rememoraba la vida de personas ilustres de nuestra historia, como Estanislao López, José María Paz, Juan Galo Lavalle, Horacio Quiroga, y como faltar, Juan Manuel de Rosas y su esposa Encarnación Ezcurra.
En mi memoria porque recordé el 2004, donde debido a las clases de historia (único año en el polimodal donde tuve) y a el material literario referido al siglo XIX que tuve que leer por las olimpiadas del Comahue, todo me golpeó de pronto, y tuve la sorprendente sensación de transmutación emocional: ya no detestaba ese tiempo y ese lugar de la historia. Ahora me interesaba, realmente =)
Gracias facultad.
En la foto pueden ver una foto ilegal que tomo mi hermana, ya que la mujer que cuidaba estaba dormida en ese momento. Es un reloj inglés que Rosas donó a cierta capilla de la que ya no recuerdo el nombre. [38]
Lo que más me interesó y asombro fueron: una historia de amor entre un cura y una muchacha de alta estirpe que se relataba con 2 cuadros; las divisas federales de todos los tipos imaginables, parafraseando cosas como “¡Mueran los inmundos traidores asquerosos unitarios!” y la afamadísima “¡Federación o muerte!”; en tercer y último lugar un cuadro de Quiroga, pintado en 1836. Fue muy shockeante. El hombre parecía transmitir algo a través de sus ojos de lienzo y mirada grave. 170 años no son joda.
Bueno, más o menos de eso fue la cosa. A la vuelta hicimos parada en algún lugar (San Pedro creo) a comprar naranjas en una granja. Compramos también un queso muy rico, nueces y dulce de leche casero (ese último en Luján. Tiene sabor a Vaquita)
Ya estando en San Nicolás podiamos ver el humo de las islas. Estabamos llegando a Rosario. Eran las 1930 horas.
Fotos: Flickr set
Sitio de interés:
www.lujanargentina.com
www.lujan.gov.ar
www.basilicadelujan.org.ar