Muerto

Publicado: Fri 6th Jul, 2007, Categoría: Tierra

Recuerdo cierta vez que construí una alegoría tan grande que llegó a tragarme.

Si…, fue no hace mucho, quizá menos de lo que mi memoria me dice. Fue mientras estaba caminando, como siempre que sucede algo en mi de lo que no puedo desprenderme. La noche era calurosa, creo, y las luces tenían ese brillo, un halo algo enfermizo y algo insignificante que las envuelve cuando hay bruma. Asumo que eso tenía que ver más con mis ojos que con el día: el día había sido gris, pero no brumoso.

El recorrido duró para siempre, fue inevitable. Mis piernas me llevaban a mí, como si una fuerza extraña me engullese a través de aquella calle. No entiendo porque el tiempo se dilató tanto, pero lo que más me da escalofríos es la realidad monstruosa que cobró aquello que parecía un juego poético simple, solo para llegar a destino… antes.

Aquel día creo haber estado afectado seriamente por algo. Debí haberlo estado, ya que suelen ser esas cosas las que me proyectan tan ¿bajo? Solo sé que la hipérbole de aquella noche había hido demasiado lejos…

Los ojos parecían encontrar dificultades para enfocarse. Todo era borroso y lumínico, pero era una luminosidad de ultratumba, como si estuviese caminando hacia el mismo Éufrates. Algún frío sentía, debía sentir, porque siento mis manos en los bolsillos cuando lo recuerdo, y se encontraban altas, como dentro de una campera que las protegiese del viento. El viento…, por su parte el viento era inexistente, pero algo soplaba desde el río, algo que me inspiraba una efusividad ofuscada, como el sonido de una llama violenta que se ahoga. Estaba bastante seguro de que al final de aquel viaje, me esperaba un Lugar, un Sitio. Juro que estaba seguro de que ese sitio era infernal, y que toda la cosmogonía cristiana y pagana estaban contenidas en él. Más aún: era el antro definitivo. Y el juego terminaba allí, pero yo deseaba ir, y la resignación del heroe que se sabe acabado debe sentirse bastante como aquello.

No pude atinar nunca a saber si el destino que me había propuesto antes de salir era hacia el que me dirigía en el Exomundo. Siempre tengo presente que existe más de un Mundo a la vez, que se solapan y eso solo en mí. La incomensurabilidad de la realidad de la que hablaban algunos cientistas debe estar sustentada, sin duda, no en nuestra incapacidad para medirla, sino en la imposibilidad misma de esa acción. Cada medición es un acto mismo de creación.

Decía…, no estaba seguro de tener un rumbo fijo más allá del que me daba la ilusión difusa de las farolas y la visión perdida en las ramas, hojas, semillas, todo erigido sobre mi cabeza mientras caminaba como si hubiese estado allí desde siempre y siempre fuese a estarlo. Lo que sabía con bastante certeza era el efecto que el Sitio tendría sobre mi, aún antes de llegar.

El efecto era desvastador. Era antiguo y ominoso. Sabía que cuando llegase, mi Espíritu todo se desprendería lentamente de mi Manifestación, como una piel vieja e inútil. Eventualmente, sin darme cuenta, empezaría a formar parte de aquel Sitio, y funcionaría ya sin mi criterio, porque mi criterio estaría muerto. Moriría; no obstante quedaría vivo el resto de la eternidad para saberlo.

Aquella noche me perdí en la realidad de un viaje del que no conozco si volví alguna vez. Puede ser que al final, aún me encuentre viajando, y que lo que hoy considero una mera ilusión autocausada haya sido catarsis, y que el mundo en el que ahora me recreo sea solo mi fantasía para escapar al horror del final anunciado. No dudo de que llegado el caso puedo Perderme, como lo anuncié una vez, pero nunca publiqué. Es que Perderse es en la ciudad no un asunto de espacialidad, sino de existencia.

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