Crema sacrosanta
En el bosque la luz doraba las hojas y las cortezas eran el oro fundido que desendía por las copas llenas de sol y fuego, fuego blanco y divino, una diafana sacralidad que cortaba las nubes en su tajo infinito hacia las nevadas, copiosas cumbres enarboladas de una luna circular, cósmica circunferencia circunvalando cada camino, de esta Tierra, circular. El arroz nace de las fuentes siemprellenas y el manantial de agua baña las lenguas sedientas de fresco fulgor que atraviesa las voluntades, las hace ceder como cede la roca ante el río, corriente silvestre, sibilante el viento que la zurca por los mares que contienen los lechos que se levantan en continentes que hierven desde el espacio en: vida.
Y el aurífero fluido se derramaba sobre las amapolas, amarillas.
