¿Pero porque no querés?, ¿porqué no hay?, ¿por qué?
Bueno, creo que soy el producto de una conjugación de factores y decisiones que aparenteme en un primer momento me desviaron de un camino recurrente, o normal, como suele decirse.
Soy el engendro ya crecido de la búsqueda de madurez a destiempo; la progenie subnormal de la sociedad, superada; el niño disonante pero siempre altisonante, incapaz de esto y aquello, capaz de incapacitarse.
Soy quien creyendose vacío, se llenó de credos, y quien llenándoce de ilusión, se vació de sensación. Me até luego a ideas y allané el camino de la adolescencia con violencia espiritual y quietud real. Me creé una utopía, mi castillo en el cielo, sin darme cuenta de que me dirigía hacia mi propia distopía.
Las tramas del tiempo terminaron apresándome y dándome forma, y entonces me volví parte de aquello de lo que creía estar por encima. La vida en su irremisible curso me encauso y yo, ni salmón ni demidios, fue llevado por una corriente que desconocía y me era caótica.
Las vicisitudes me moldearon e impetérrito frente a las cuestiones que me acosaban, las transformé en fantasmas y dejé de pensar en ellas. Ahora vagan como penumbras, sombras/luz del pasado que aguardan la redención y guardan la sabiduría atemporal que nunca termino de decifrar.
Soy pues, aquello que queda en el curso de los astros. La estela de sueños cosmogónicos personales que todos tenemos, pero zanjada por el soplo de los vientos de-mi-arbitrio y el pasar de los hechos-no-hechos.
"Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se mantuviera solo en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que caen y se desvanecen. Muy suave, muy suave." - Jean-Paul Sartre.
